Eliminando (¿o confirmando?) preconceptos sobre Bali

Templo en Denpasar, Bali, Indonesia

Bali, a todos les suena, ¿no? Sepan exactamente dónde está ubicada o no, el sólo nombre es evocativo para casi todos los mortales, en especial para los agotados trabajadores de oficina que frente a la pantalla de la computadora buscan imágenes de playas paradisíacas y una de las primeras que se le ocurre tiene ese nombre que tan dulce suena al oído. Recuerdo (Jota) que en el secundario tenía una compañera llamada Bali. Siempre pensé que sus padres habrían ido de vacaciones a esta playa (para mí en ese momento Bali era un playa, no una isla con volcanes y una historia apasionante), hecho el amor con las ventanas abiertas recibiendo la brisa del mar, tal vez en el balcón para darle más romanticismo y en una de esas noches donde la luna gotea miel, tenido a esta adolescente que compartía mi misma aula. A los pocos días de empezar las clases me enteraría que su nombre no era Bali, sino Wally, pero ella lo pronunciaba de la misma manera. Entonces, toda esa historia que había idealizado nunca había sucedido, pero como sea, el romanticismo de Bali, y digo de la isla (o playa en ese entonces) no de mi compañera, estaba presente. Como siempre lo estuvo para todos los que fantaseamos con el paraíso exótico, desde que allá a finales de la década del ‘20 el loco lindo de Walter Spies, un artista alemán, se mudó a la isla y le contó al mundo las maravillas de este lugar.

Pero los años pasaron y Bali fue perdiendo ese lugar de privilegio que ocupaba en nuestras mentes. El haber vivido dos años en Australia seguramente fue uno de los grandes factores para que Bali pase de ser uno de los líderes del escalafón a ser uno de los no-no de nuestros planes viajeros. No había una sola persona con la que hablemos en este país que no haya visitado Bali o tenga planes de hacerlo. Es el primer viaje que hacen los jóvenes una vez que terminan la escuela. Vendría a ser un viaje de egresados para ellos, pero que se repite todos los años, y nuestras experiencias en tierras aussies nos hicieron perder la tolerancia hacia esta juventud sobre excitada, drogada y alcoholizada.

"Quebrado en Bali", el objetivo para muchos de los que visitan la isla.

“Quebrado en Bali”, el objetivo para muchos de los que visitan la isla.

Remeras que testifican el "haber estado ahí".

Remeras que testifican el “haber estado ahí”.

Entonces podemos decir que a Bali la veníamos esquivando desde hace tiempo, en realidad desde hace tiempo tomando la escala de nuestra historia viajera que comenzó en el 2009. Bali era como la vecina pesada que no te querés encontrar y cruzás la calle al verla paseando a su perro, haciéndote el distraído. Pero la diferencia es que a ella nunca le va a importar lo que nosotros hagamos y si frenamos a hablarle o no le tiene sin cuidado. Ya habíamos hecho un viaje a Indonesia, en el 2011, pero decidimos darle la espalda… queríamos ver a Indonesia en estado genuino, o al menos intentarlo, ya que somos realistas y sabemos que como visitantes casuales en un viaje de un mes es imposible ver el lado “genuino” del archipiélago más grande del mundo. Nos conformaríamos con ver un poco de la superficie entonces, pero no la superficie de esa isla a la que muchos llaman paraíso. Durante ese mes recorrimos las islas de Flores y Sulawesi, pasando nuestros días entre los pueblos tradicionales de Tana Toraja, descubriendo coloridos lagos volcánicos y nadando entre manta rayas.

Lamentablemente, de ese viaje por Indonesia no nos fuimos de la mejor manera. Nos quisieron robar el equipaje, nos estafaron en cada compra que hicimos y cada bus que tomamos, se burlaron de nuestra condición de bule (extranjero occidental) y el dueño de una guest house, en un ataque de locura, casi nos pega (no exageramos), ya que habíamos acordado un precio con su esposa cuando llegamos, pero al irnos y tener que pagarle a él, consideró que era muy barato. Cuando dejamos atrás a este país que tanta mezcla de sentimientos nos trajo, nos prometimos nunca más volver.

Pero al mirar nuevamente el mapa de Indonesia y ver la interminable cantidad de islas que forman este país, pensamos que tal vez, algún día, tendríamos que volver. Porque un país como este, en el cual un genio (y obsesivamente metódico) como Alfred Wallace trazó una línea imaginaria justamente entre Bali y Lombok, donde la naturaleza de las islas del Este de esta línea nada tiene que ver con la de las islas del Oeste, es un país de una variedad visual y cultural que no puede juzgarse por un viaje de un mes en sólo dos islas. Y si no pregúntenle a las tribus de Papúa qué tienen en común con los musulmanes de Banda Aceh. Pero a pesar de esta reflexión, si en algún momento decidíamos volver, el viaje iba a ser por las Malucas, Kalimantan o Timor. Tal vez Sumatra, pero nunca Bali.

¿Y qué pasó dos años más tarde?

Y acá estamos, dos años más tarde, dándole una segunda oportunidad (todos merecemos una segunda oportunidad, ¿no?) a este inmenso archipiélago.

En este ínterin nació el Proyecto Eliminando Fronteras, del cual el alma mater es dejar atrás todos los prejuicios que se fueron creando por mitos e historias de otras personas para ver los destinos con nuestros propios ojos y compartir esas experiencias.

Mientras pisamos Bali por primera vez no pudimos sacarnos de la cabeza la frase que dio vida al proyecto:

Eliminemos la frontera más peligrosa: la que nosotros mismos creamos.

No hay isla en Indonesia que genere tantos preconceptos como Bali. De los buenos y de los malos, pero preconceptos al fin. Esto es inevitable, ya que como toda celebridad, la gente siempre hablará de ella, con o sin conocimientos de causa. Entre esos “boca de ganso” también estábamos nosotros, claro, y por eso es que decidimos venir, sin las expectativas de una Elizabeth Gilbert o de los australianos busca fiesta, pero dispuestos a buscar el Bali que no nos muestran en el centro de informes, si es que como bule existe alguno. Para encontrarlo tuvimos que rasquetear una capa bastante gruesa del producto listo para exportar en el que fue convertida esta isla. Hay mucho para contar, y este posteo es una simple introducción de los pensamientos que se nos fueron cruzando por la cabeza mientras viajábamos por Bali.

No todo el que trabaja en Bali se dedica al turismo...

No todo el que trabaja en Bali se dedica al turismo…

Calle de Bali, Indonesia

El primer lugar donde estuvimos fue en Denpasar, capital de la isla y lugar donde no muchos extranjeros se quedan. Nos abrió las puertas de su casa Elwyn, un chico de Couchsurfing, donde nos quedamos tres noches. Lo bueno de alojarse en la casa de los locales es que nos da la posibilidad de ver la ciudad de las puertas para adentro, cosa que de alojarnos en un hostel no conoceríamos.   Llegamos esperando una ciudad caótica, pero Bali nos dio la primer sorpresa. Denpasar estaba vestida de fiesta: enormes decorados de bambú adornaban la puerta de cada casa, las mujeres estaban más coloridas que nunca y los templos alegraban el ritmo de la ciudad con su música. “¿Qué está pasando?”, le preguntamos a Elwyn, quien nos explica que llegamos justo para Galungan, festival hindú en el cual los antepasados y los dioses bajan desde el cielo para hacer una visita terrenal. Pero eso viene en otro posteo… (si querés, podes suscribirte a la newsletter para no perderte nada)

Las ofrendas están por todos lados.

Las ofrendas están por todos lados.

Las calles estaban vestidas de fiesta.

Las calles estaban vestidas de fiesta.

Pasaron los días en Denpasar y fueron contados los extranjeros que nos cruzamos. ¿Estábamos en Bali?… ¿y los australianos, dónde están?… ¿y los bares con happy hour?… ¿y los surfistas paseándose en cuero con una cerveza Bintang en la mano? Se estima que del total de turistas que recibe Indonesia anualmente, un 80% visita pura y exclusivamente Bali (y nosotros podríamos agregar que al menos un 50% de ellos visita sólo Kuta). Nada más. Una sola de las 17.000 islas que tiene el país. Pero es increíble como con tanta influencia extranjera, Bali se las arregla para mantener la cultura casi intacta, y eso lo notamos desde el primer día. En Jalan Legian, la incansable calle principal de Kuta, caminamos mirando hacia abajo para no pisar las ofrendas que los hindúes dejan en la puerta de su negocio, y hasta los agobiantes motoqueros desatienden por un instante al turista que pasa para prenderle inciensos a los dioses.

Cuanto más nos alejamos de las zonas turísticas, las tradiciones balinesas se potencian, o en realidad no es que se potencien, sino que no se mezclan con la no tradición. “¿Podrían venir el lunes? Porque el fin de semana hay una ceremonia hindú y mi casa va a estar llena de familiares”, nos dice Eka, el chico que nos alojó en Desa Macang, un pequeño pueblo escondido entre el volcanes y terrazas de arroz. Eka es un motoquero de ley, con su larga cabellera oscura, sus chopper decoradas con calaveras y su cuerpo cubierto en tatuajes. Si lo vieran por la  calle jamás lo imaginarían tomándose la delicadeza de armar una prolija ofrenda. Este simpático motoquero vive en un pueblo que rara vez habrá visto una cara extranjera, pero sigue siendo en Bali. Los locales nos miran sorprendidos y nadie nos quiere cobrar de más cuando vamos a comprar un nasi pecel para el desayuno. Sí, ese Bali también existe.

En las tranquilas calles de Desa Macang.

En las tranquilas calles de Desa Macang.

Bali Indonesia

Llegar a Kuta fue como estar otra vez en Australia. Los carteles de los bares se publicitan con jerga australiana, los puestos de suvenires venden remeras de equipos de footy (fútbol australiano) y a la salida de los pubs hay puestitos que venden pies (tartas típicas de… sí, adivinaron) con kétchup.

Tal es la cantidad de australianos que viene a Kuta que en los dos atentados que hubo (2002 y 2005), 92 de las 219 personas fallecidas por estos bombardeos eran de este cercano país, más australianos que indonesios. Lógicamente el turismo bajó a su mínimo con esto, pero con el paso del tiempo Kuta volvió a imantarse, y hoy la fiesta rodea al monumento que recuerda a las víctimas.

Seguimos recorriendo la isla y, al caminar por la playa de Sanur, vemos a una turista en topless, y no sería la última. Qué ironía…  en los ´30, cuando Bali empezó a ser turística (ya les contamos de Walter Spies), los holandeses venían a ver a las locales que andaban con sus pechos descubiertos. ”¡¡La isla del amor!!” “¡¡La nueva Polinesia!!” gritaron a los cuatro vientos. Pero la bonanza no duraría demasiado. Éstas, al enterarse de las intenciones de los visitantes, se empezaron a cubrir. Hoy, la historia se da vuelta… son las extranjeras las que vienen a desnudarse, olvidando (o nunca enterándose) que Bali, si bien de mayoría hindú, sigue siendo una de las tantas islas que conforman a la nación musulmana más grande del mundo: Indonesia.

Cabe destacar que Bali no es tan chico como muchos piensan, y reúne tantos atractivos que te pueden mantener entretenido por más de un mes sin poner los pies en el agua.

Bali  nos sorprendió en cada paso, y la experiencia general fue positiva. Positiva principalmente por cumplir con el objetivo primordial de nuestra búsqueda, la de terminar con los preconceptos que nosotros mismos habíamos creado. No todo es playa en Bali, no todo es fiesta, y sólo cuando lo vimos con nuestros propios ojos pudimos sacarnos esa idea de la cabeza. Conocemos muchos viajeros que se fueron muy decepcionados, la mayoría habiendo visitado sólo Kuta y Ubud, el otro boom. El problema es que Bali promete, y no siempre puede cumplir. Tiene la presión de llenar las expectativas que los folletos turísticos y la fama generan, pero la mayoría no la dejan comparecer. Con Kuta como su carta de presentación, es muy difícil que pueda satisfacer a todos. Pero hay algo que desde hace poco tenemos muy en claro: Bali tiene una recompensa para el que se aventura a ver que hay más allá. 

Calle de Ubud Bali, Indonesia

Marcando el Polo. Blog de viajes por Asia y Oceanía

Este posteo es parte del Proyecto Eliminando Fronteras, que consiste en unir Asia desde Filipinas a Turquía por tierra y mar. Para enterarte de qué se trata, hacé click acá.

Otros artículos sobre Indonesia:

– Itinerario de nuestros viajes por Indonesia

– Eliminando Fronteras: bajo la mirada de Alá

– Presupuesto mochilero para viajar por Indonesia

– Veo veo: la trilogía olorosa de Indonesia

– No pises Indonesia sin saber…

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– De suerte en Bali: tradiciones de una isla única

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6 Respuestas a “Eliminando (¿o confirmando?) preconceptos sobre Bali

  1. Cuando comencé a planear el viaje por Indonesia también pensaba en evitar Bali a toda costa. Al final un vuelo barato desde Denpasar a Singapur me han hecho decantarme por visitar esta isla, y la verdad es que tengo algunos prejuicios. Al leer vuestro post se me han desmontado un poco. Espero que allí se acaben de derrumbar.

    • Hola Irene, la verdad que depende mucho de los lugares que visites para poder ver al Bali de tus preconceptos o terminar de derrumbarlos. Si te quedás son el Sur y Ubud, difícilmente te lleves la mejor impresión, pero aunque la isla sea chica, tiene muchísimo para ofrecer. Ya vendrán muchos más posteos al respecto. Saludos!

  2. Me encantó el posteo. Descubrí su blog hace unos meses y no dejo de leerlo en mis ratos libres. Me encanta conocer nuevos aspectos de los lugares a partir de sus relatos! Saludos! Y buen viaje!

  3. Yo estuve en Bali en el 2005, salimos de Kuta y nos dieron un susto de muerte. Íbamos en un autobús de allá, que por supuesto se caía a trozos aunque eso no nos importaba, pero éramos los únicos turistas en él, se hacía de noche, de hecho, se hizo de noche, y pudimos darnos cuenta que estaban planeando raptarnos!! Y eso que iba con un amigo, que no éramos ni siquiera dos chicas. Buff que mal lo pasamos. Tanto que me cambié las chanclas por las zapatillas por si había que correr. Sí, bajamos en la estación más grande y por suerte encontramos un carrero que nos llevó a una especie de pensión cercana. Allí nos acostamos y fue una de las peores noches. La gente del autobús le había preguntado al carrero y él le había dicho donde estábamos, estaban ahí afuera!! Nosotros escuchándoles hablar! Fue horrible. Apenas sin dormir y con la luz del sol, salimos disparados a la estación y nos volvimos a Kuta. Te aseguro que si te pasa algo allá ni la policia te busca. Están todos compinchados. Hay muuucha corrupción y si bien en Kuta al turista lo tratan bien, porque viven de eso, en otras partes de Bali tienen muchísimos prejuicios. Tú vas de mochilero y da igual, ellos solo ven un turista y por eso ya piensan que eres rico. Luego estuvimos en Malasia y Tailandia, nada que ver. Asi que chicos, es una cultura digna de conocer, me ha traído muchos recuerdos este posteo, pero ojito y a cuidarse!

    • Hola Judith, gracias por compartir tu historia! Lo que vos contás sobre la corrupción no pasa solo al salir de Kuta, sino que en todo Indonesia. En nuestro viaje por Flores y Sulawesi, viajando en transporte público nos llevamos muy malos recuerdos. Desde que empezamos a viajar a dedo todas las historias son positivas. Conocimos muchisima gente buena fuera de Kuta, pero los que trabajan en el transporte y atractivos turísticos lamentablemente, en Indonesia, son gente de no confiar (en su mayoría).
      Particularmente nosotros tuvimos mejores experiencias fuera de Kuta, pero cada viaje es distinto.
      Muchas gracias nuevamente por compartirlo con la comunidad marcopólica!
      Saludos!
      🙂

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